Cinco elementos: el fuego

Cuarta de las entradas de la serie especial con motivo de la concesión del I Premio Merck al mejor blog de salud, tal y como aparecía en las bases del mismo. En esta ocasión, y siguiendo con el repaso a los elementos clásicos, el turno del fuego.

Ya hemos visto cómo la vida, que surgió en el agua para pasar posteriormente al medio aéreo y después colonizar la tierra, se enfrentó posteriormente a elementos inicialmente incontrolados, pero que posteriormente pudo dominar. Similar evolución la de la especie humana que primero se enfrentó y posteriormente dominó algunos elementos de la naturaleza para terminar convirtiéndolos en herramientas cotidianas a su servicio. Tal es el caso del fuego, cuarto de los elementos clásicos que en este paralelismo vendría a representar las herramientas y técnicas dominadas por el ser humano, empleado, eso sí, a veces para el progreso y en no pocas ocasiones para la destrucción.

 Para Hipócrates, el padre de la medicina occidental, este elemento, caliente y seco, estaba unido con uno de los cuatro humores (la bilis amarilla en este caso). Del desequilibrio de ellos (dyscrasia) surgían las distintas enfermedades. En esta concepción hipocrática, la crisis era el momento de agravamiento y muerte del enfermo o, por el contrario, de recuperación.

Muchos son los paralelismos que sobre herramientas y su (mal o buen) uso por parte del ser humano  que podrían hacerse. Tratándose del fuego y teniendo en cuenta su poder destructor, voy a quedarme con el paralelismo con las armas general y las armas de fuego en particular, cuyo origen se encuentra probablemente en la aparición de las primeras herramientas rudimentarias para trocear comida, cazar animales o fabricar otras herramientas útiles para el ser humano, pero que no tardaron en convertirse en herramientas fratricidas. Siempre me sorprendió, estudiando historia de la medicina, cómo los grandes avances de la misma, especialmente en el campo quirúrgico aunque no sólo, fue paralelo al desarrollo de la capacidad de mutilar y acabar con la vida de otros. Al mismo tiempo, el ser humano buscaba cómo enfrentarse a dicha destrucción.

Los menores no han sido ajenos a esta realidad. Han sido no sólo víctimas de conflictos generados por los adultos, sino que se calcula que en la actualidad más de 250.0000 niños y niñas menores de 18 años participan activamente en conflictos armados en 21 países (Afganistán, Angola, Burundi, Camboya, Colombia, Filipinas, Guatemala, Guinea Bissau, Honduras, Irlanda del Norte, Kosovo, Liberia, Mozambique, Myanmar, Nepal, Nicaragua, R.D. Congo, Chechenia, El Salvador, Sierra Leona, Somalia, Sri lanka, Sudán y Uganda):

Los niños y niñas soldados son una realidad en muchos países del mundo: una infancia vinculada directamente a distintos grupos o fuerzas armadas y ejércitos regulares y que está expuesta a graves situaciones de violencia. Un niño o niña soldado es cualquier persona menor de 18 años que forma parte de cualquier tipo de fuerza o movimiento armado, ya sea regular o irregular, en cualquier condición. Esta definición incluye a aquellos que realizan tareas que van desde la participación directa en combate, la colocación de minas antipersonas o explosivos, el espionaje, la cocina, porteadores y la esclavitud sexual. Así, el artículo 38 de la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada y ratificada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, recoge esta realidad en la siguiente forma.

Artículo 38

1. Los Estados Partes se comprometen a respetar y velar por que se respeten las normas del derecho internacional humanitario que les sean aplicables en los conflictos armados y que sean pertinentes para el niño.

2. Los Estados Partes adoptarán todas las medidas posibles para asegurar que las personas que aún no hayan cumplido los 15 años de edad no participen directamente en las hostilidades.

3. Los Estados Partes se abstendrán de reclutar en las fuerzas armadas a las personas que no hayan cumplido los 15 años de edad. Si reclutan personas que hayan cumplido 15 años, pero que sean menores de 18, los Estados Partes procurarán dar prioridad a los de más edad.

4. De conformidad con las obligaciones dimanadas del derecho internacional humanitario de proteger a la población civil durante los conflictos armados, los Estados Partes adoptarán todas las medidas posibles para asegurar la protección y el cuidado de los niños afectados por un conflicto armado.

Pero también los artículos 19, 32, 34, 36 y 39 hacen mención expresa de diferentes formas de explotación infantil a las que hacer frente.

El reflejo no es tan claro en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, quizás de forma directa o indirecta podría relacionarse con todos ellos, especialmente con el 4 (reducción de la mortalidad infantil en menores de 5 años), pero sin olvidarnos de que el reparto de la riqueza está asociado directamente con el origen de la mayor parte de los conflictos armados (objetivo 1, de reducción de la pobreza y el hambre), que el reclutamiento forzoso interfiere con una escolarización normalizada (objetivo 2 para lograr la enseñanza pública universal), que la mujer ha sido y es víctima preferente de los conflictos armados (objetivos 3 y 5, de promoción de la igualdad y de reducción de la mortalidad infantil) y que el objetivo 7 pretende garantizar el sustento del medio ambiente, cuyos recursos y su posible explotación están también en la base de los enfrentamientos armados.

Es por ello que diversas ONGs que trabajan por la infancia (AlboanAmnistía InternacionalEntreculturasFundación el Compromiso y Save the children) se han unido recientemente para llevar adelante el proyecto y el cortometraje Aquel no era yo, del director Esteban Crespo, en contra de la utilización de niñ@s soldado:

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