Maggie Doyne, fundadora de la Fundación BlinkNow

He de reconocer que he quedado impactado tras escuchar a Maggie Doyne. Ha sido uno de esos encuentros fortuitos de la red, en este caso a través de The Do lectures (que podríamos traducir como Las charlas del Hacer).

En palabras de los promotores de esta iniciativa, la idea es simple

…que la gente que Hace cosas puede inspirarnos al resto para ir y Hacer cosas también.

Por eso, cada año invitamos a un grupo de personas a que venga a contarnos qué Hacen.

Pueden tratarse de un Hacer pequeño, grande o simplemente  un Hacer increíblemente extraordinario. Pero cuando escuchas sus historias, encienden un fuego en tu interior para ir a Hacer tu cosa, tu pasión, lo que reside en tu cabeza cada día, simplemente esperando, esperando que sigas a tu corazón.

Para ir a encontrar la causa por la que luchar, la compañía que iniciar, el invento que inventar, el libro que escribir, la montaña que escalar.

La única cosa que los Hacedores del mundo Hacen, aparte de Hacer cosas extraordinarias, es inspirarnos al resto para que vayamos y Hagamos cosas extraordinarias.

Son el inicio de la llama.

David Hieatt – Cofundador de The Do lectures

Como la charla es en inglés (y no he encontrado disponible opción alguna de subtítulos), os dejo con alguna de las ideas que más me han impactado y que resumen su historia. Si el inglés no es un problema, estas líneas palidecen junto al calor de sus emociones, así que no os lo perdáis…

  • Maggie, de 23 años de edad, relata la historia de una chica americana que salió de casa con 18 años con poco más que una mochila y tan sólo cinco años después termina criando a un@s 200 niñ@s huérfanos de un pueblo nepalí.
  • A los 18 años se dio cuenta de que a pesar de la educación recibida, sabía más bien poco sobre las cosas que quería hacer con su vida y pospone (ingenuamente pensando que por un año) su ingreso en la universidad para viajar a lo lago del mundo.
  • Tras los dos primeros meses, descubre su hambre de conocer y aprender más y se apunta a un internado en un proyecto en favor de la infancia en el noreste de la India. Se trata de refugiados nepalíes (y por aquel entonces, confiesa, ni siquiera sabía que Nepal era un país o de las circunstancias que habían obligado a las familias nepalíes a abandonar su tierra).
  • Descubre la realidad de una comunidad de refugiados, vivendo bajo plásticos, con trabajo que ni siquiera los intocables hindúes aceptarían. Todo ello le cuestiona sobre la realidad de la que huyen.
  • Aprovechando un armisticio en Nepal en el 2006, y acompañada por otra joven nepalí refugiada, se adentra en Nepal. Dos días en autobús y dos días a pie, para llegar al pueblo de su compañera de viaje, convertido para entonces en base militar de la que la familia había huido.
  • Continuando su periplo, Maggie toma contacto con la realidad de niñ@s cuyo trabajo es cargar ingentes cantidades para conseguir uno o dos dólares con los que alimentar a sus familias.
  • Este encontronazo con la realidad de much@s huérfan@s nepalíes hace colapsar el mundo de Maggie, quien se siente devastada ante este atropello a parte de la familia humana (80 millones de niñ@s en el mundo viviendo una realidad similar).
  • Sobreponiéndose a este sentimiento inicial, decide comenzar a cambiar la vida de tan sólo una de estas niñas, descubriendo que la falta de educación reglada es debida a la carencia de la gran cantidad de dinero que suponía la escolarización (unos 8-10 dólares, algo menos de 6-7,5 euros al cambio actual).
  • Comienza a concienciarse de la importancia de escolarizar a menores, especialmente a las niñas, ya que ese es el germen del cambio: mujeres educadas que tendrán menos hij@s, que criarán mejor a sus familias y podrán proporcionar mayor educación a su descendencia, disminución de la enfermedad y la pobreza… Es el inicio del cambio de comunidades y aldeas.
  • Formula entonces de alguna forma su sueño, el de construir un mundo que desee ver a diario, donde no tenga que encontarse niñ@s picando piedra o trabajando por los caminos.
  • Maggie quiere hacer más, comienza a escolarizar a más niñ@s, pero quedan más, sin casa y sin asistir al colegio, así que, en un arrebato, llama a sus padres para pedirles 500 dólares de los que ha ido ahorrando (trabajando de niñera desde los 12 años) para comprar un terreno en el que edificar un hogar para huérfan@s.
  • Nuevamente sin dinero, sólo armada de su visión, de su sueño,  de su esperanza, decide continuar adelante. Aprovecha el billete de regreso que tenía para volver a trabajar como niñera hasta recaudar la cantidad suficiente para construir el pozo séptico del hogar.
  • Su historia comienza a difundirse lo que le permite captar nuevos fondos que invierte en la construcción del hogar, en la que participan más de 200 personas locales. En 6 meses 30 huérfan@s encuentran un hogar. Después ha llegado una escuela (arquitectura en bambú, material resistente, sostenible y cosechado localmente; ayuda de un arquitecto australiano que deja todo para colaborar en el proyecto).

Ya al final de la exposición, Maggie afirma…

…creo que podemos hacerlo, que tod@s tenemos el poder de crear algo. No creo que todos tengamos que ir lejos (…). Tod@s tenemos talentos, dones (…). Ser joven ayuda. Si tod@s tuviésemos esa actitud de que podríamos hacer cualquier cosa, ser cualquier cosa si persiguiésemos nuestros sueños y nuestro corazón (…). Sigue adelante, sigue intentándolo.

Si deseas leer más sobre Maggie y su proyecto, puedes hacerlo en la web de la Blinknow Foundation – Life at Kopila Valley Children’s Home and School (Surkhet, Nepal).

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