Compromiso vital con las vidas minadas

La presentación que acompaña esta entrada no es novedosa, pero sigue siendo vigente. Se trata del discurso de Gervasio Sánchez al recibir el premio Ortega y Gasset el 7 de mayo de 2008. La había leído hace tiempo (cuando Hij@s de Eva y Adán no había comenzado esta aventura), pero acabo de recibirla por correo electrónico de alguien que ya aceptó asomarse a esta pequeña ventana hace un tiempo, acompañado de una breve nota cuyo contenido no puedo más que compartir:

Te confieso que a mí me ha hecho llorar, de pena y de vergüenza.

El discurso propiamente, se encuentra en las diapositivas 4 a 13.

A raíz de preparar esta entrada, he conocido el blog del propio Gervasio, de título elocuente, Los desastres de la guerra. Aunque no muy prolífico, es de esas lecturas que merece la pena tener a mano y mascar despacio.

En una de las entradas explica la historia del ya famoso discurso, del que creo especialmente pertinente destacar algunos párrafos que matizan algunas cuestiones en relación con la presentación que circula por Internet y que os presento, y que en cualquier caso no restan un ápice a la honestidad, franqueza, contundencia y compromiso personal que emanan de cada una de las palabras de Gervasio. Más bien, la redondean:

Y me olvidé del tema hasta que el 1 de enero de 2009, muchos meses después, recibí un pdf de casi un mega y medio con mi discurso completo, varias fotografías capturadas en Internet en baja resolución (algunas pixeladas) con un epílogo preocupante: “Este fotógrafo probablemente no volverá a ver premiado ningún trabajo suyo en España”.

En un texto preliminar también se decía que el discurso había sido censurado por la prensa convencional. En el mismo correo un amigo me preguntaba si era cierto que yo había escrito el discurso. Le dije lo que luego he ido repitiendo por activa y pasiva durante el último año y medio: “Escribí ese texto (que se puede consultar en las múltiples entradas en Internet), lo leí pero no tengo nada que ver con el pdf.” Ni siquiera hoy sé quién lo hizo aunque reconozco que tengo curiosidad por saberlo para agradecerle que convirtiese mi discurso en un esteroide que ha dado la vuelta al mundo y aclararle que no fue censurado. Y de paso bendecirle por haberse equivocado: “he seguido recibiendo premios (demasiados, creo yo) durante el último año.

(…) siempre he aprovechado cualquier acto público o la inauguración de mis exposiciones para decir lo que pienso aunque fuese políticamente incorrecto. Creo que los periodistas tenemos que ser, como decía el viejo maestro Ryszard Kapucinski, “indeseables, inoportunos y certeros en nuestra impertinencia”.

Siempre. Independientemente de quien esté en el poder (…). “Los premiados podrán dedicar un minuto a los agradecimientos”, se decía a modo de oración fúnebre. Minuto y agradecimiento formaron un tapón en la boca del estómago (…). En el camino les pregunté a los otros premiados si tenían preparados discursos. La periodista mexicana Sanjuana Martínez me dijo que sí y que lo iba a leer con total seguridad sin importarle si se pasaba del tiempo. A mí me mareaba recordar que mi discurso, que había cronometrado muchas veces, duraba cuatro minutos.

(…) Sin duda el mejor discurso de la noche lo hizo Sanjuana Martínez. Se lo pedí, me lo regaló y lo tengo encima de la mesa. Empezaba con palabras muy bellas que no rechinan cuando las pronuncia una periodista de verdad: “El periodismo es crítica, confrontación, enfrentamiento. Es denuncia, agente de cambio, catalizador. Lo demás es propaganda”.

El siguiente párrafo era igual de rotundo: “Cualquier persona puede negarse a participar en una mentira, pero el periodista no sólo puede sino que debe derrotarla a base de información rigurosa”.

(…) No hubo intención de censurar mi discurso como se dijo en el famoso Pdf (…). Otra cosa es si sería bueno reservar un espacio para incluir lo más destacable de la noche. CNN Plus realizó un reportaje de un par de minutos y lo acabó con mis palabras más contundentes. Igual hizo la SER. Los demás medios no hicieron mención al acto. En España cada grupo mediático alaba su entrega de premios y le interesa poco o, mejor dicho, nada las de sus competidores.

Mi discurso sirvió para que un joven traductor de 29 años llamado Rafael Lafuente Blanco (lo aseguró en la radio pública de Galicia unos días después) le hiciera al presidente del gobierno la pregunta más dura (26 de enero de 2009)  sobre la venta de armas españolas que se ha escuchado en el programa Tengo una pregunta para usted. Zapatero tuvo que mentir ante seis millones de televidentes para escurrir el bulto y evadirse de la pregunta del joven sobre las ventas a Israel .

Siento cierto vértigo al pensar que un discurso de cuatro minutos puede dar tanto de sí. Viajar a tantos lugares y dar tantas vueltas hasta marear las palabras. También siento cierta excitación al pensar que Internet puede utilizarse como un arma poderosa e influyente.

Finalizo con otro comprometido con esta causa, Juanes, desde su música (con la canción Minas piedras, acompañado de Andrés Calamaro) y la Fundación Mi Sangre, con la que brinda ayuda a las víctimas de las minas en su rehabilitación física y psicológica, búsqueda de recursos y en el manejo de sus discapacidades físicas al realizar labores cotidianas:

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