Hacia una generación de niñ@s sin SIDA en África

Ya mencioné anteayer mi participación como oyente en la jornada 30 años de SIDA y el interés especial que me producía la oportunidad de conocer de primera mano el trabajo de Victorio Torres en Kenia.

Pasaré por alto las cuestiones más protocolarias de la jornada, así como los aspectos más relacionados con la que ya se ha convertido en epidemia crónica en nuestro medio (recogidos más ampliamente, por otro lado, en los medios tradicionales) para centrarme en las intervenciones de Maite Suárez (de la Iniciativa Internacional por una vacuna contra el SIDA, IAVI por sus siglas en inglés) y el propio Victorio.

De la intervención de Maite, me quedo con 3 ideas:

  • la sensación en múltiples ocasiones de estar abordando un problema similar a fregar el suelo con el grifo abierto.
  • la mayor vulnerabilidad de las mujeres, además de por a) cuestiones anatómicas, motivadas por b) razones culturales/sociales (consideración de la mujer en la sociedad, concepción de la sexualidad centrada en el hombre -en muchas ocasiones mayor, lo que ha devenido en el término anglosajón sugar daddy, adulto que compra compañía o favores de mujeres- y las consecuencias que de ello se derivan) y la c) existencia de la violencia de género. Creo que la segunda y tercera estén íntimamente relacionadas.
  • la necesidad de seguir invirtiendo recursos -económicos y humanos- en la búsqueda de una vacuna eficaz, segura y accesible.

Victorio, que había tenido sus primeras experiencias de cooperación internacional en el Norte de Afganistán en los años 2000-01 y que ha conocido otros proyectos y formas de trabajo junto a Médicos del Mundo y Médicos Sin Fronteras (gracias a las cuales conoció otros países africanos como Angola, Etiopía, Zimbabwe…), decidió alrededor de 2003 fundar VIhDA para focalizar sus esfuerzos en un único entorno en lugar de seguir plantando banderas.

El título de su ponencia es el que sirve de encabezamiento a esta entrada. Su planteamiento inicial fue que si las estrategias en Europa y Estados Unidos han permitido que el número de contagios madre-hijo es menor de 10, es inaceptable que en África sean 330.000 (si bien, pueden apreciarse diferencias significativas entre distintos países del continente, algo que nos resulta quizás extraño desde nuestra óptica tantas veces estrecha y uniformizadora). Si otras enfermedades han sido prácticamente erradicadas (con sus más y sus menos, tal es el caso de sarampión, polio y tétanos).

La transmisión madre-hij@ ocurre en 3 momentos diferenciados: embarazo, parto y durante el período de lactancia (los derivados de la sangre y los abusos sexuales tienen un papel mucho menor en el contagio infantil). Las estrategias, por tanto, han de hacer frente a estos riesgos, contribuyendo a la mejora en la salud no sólo infantil, sino materna, ejes de los objetivos 4 y 5 respectivamente de los Objetivos del Milenio:

  • con la detección lo más precoz posible de mujeres embarazadas seropositivas (a las que ofrecer un seguimiento centralizado -y evitar la dispersión por diferentes consultas- de su embarazo, nutrición y condición de seropositivas con el tratamiento antirretroviral correspondiente) para lo cual también es preciso el trabajo con sus parejas/familias/comunidades, evitando la estigmatización que supone en muchos casos el diagnóstico.
  • ofreciendo ocndiciones adecuadas para un parto hospitalario (es el momento de mayor riesgo).
  • ofreciendo alternativas seguras y eficaces a una lactancia materna, que en muchas ocasiones es mixta (introducción de alimentos sólidos de forma precoz, lo que incrementa hasta 10 veces el riesgo de infección): asegurar  la provisión de fórmulas artificiales, agua potable y kits de limpieza.

Tres ideas más de la exposición antes de centrarnos en las conclusiones del propio Victorio:

  • la importancia de un seguimiento adecuado (en palabras de Victorio, la alta tecnología es lo que funciona en sitios con pocos recursos para el seguimiento de pacientes) y de comunicar los resultados (un 96% de niñ@s libres de infección), lo que contribuye a eliminar el estigma.
  • no olvidarse de l@s menores cuando la madre no está, caso de huérfan@s…
  • la importancia de incluir a los hombres en esta estrategia, como parejas y como miembros de la comunidad: para que se realicen el test, para que acompañen y apoyen a las mujeres y también (y es la experiencia de Victorio) como personas de referencia para ayudar a recuperar a pacientes que se han perdido y extender la cultura de realización de la prueba como acto de salud pública normalizado. Quizás como alguno le decía no estaría mal comenzar con terminología más inclusiva que hospitales o clínicas materno-infantiles

¿Las conclusiones? Ya apuntadas en los párrafos previos, pero no por ello menos importante volver a subrayarlas:J

  • es posible controlar la transmisión madre-hij@ del VIH.
  • importancia de clínicas integradas y los partos hospitalarios, además de los kits de agua y la educación.
  • las estrategias comunitarias, a través de grupos de terapia, son primordiales (no son meros receptores de ayuda, sino partícipes del programa, preocupándose y trabajando también por otros miembors de la comunidad).

Su satisfacción personal… cuanta más gente ayudas, mejor te sientes.

Ante la pregunta sobre la sostenibilidad del modelo y la posibilidad de ser exportado, Victorio hace gala de un optimismo seguro y contundente que sólo puede dar la experiencia fundada: centrarse en una región/proyecto y ofrecer resultados es la garantía de que el modelo sea visto como exportable y sostenible.

Ya en petit comité le cuestiono por el posible impacto de la crisis económica o las reducciones de las aportaciones de los países donantes al Fondo Global de Lucha Contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria sobre proyectos como el suyo. Nuevamente, vuelve a aflorar su visión en positivo de la vida: hacer lo que se puede con los recursos disponibles sin centrar la atención en el posible desarrollo negativo de acontecimientos es clave para ofrecer los mejores resultados posibles.

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4 respuestas a Hacia una generación de niñ@s sin SIDA en África

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