Hace un año (julio 2010)

Fechas de transición para quienes van de vacaciones y quienes vuelven. Siguiendo con la serie iniciada el mes pasado, os dejo algunos enlaces del mes de julio, pero del año pasado para recuperar viejas lecturas que hayan podido pasar desapercibidas a quienes se han acercado al blog de forma más reciente.

Una de las entradas más visitadas es la relativa a la Conveción sobre los Derechos del Niño, la declaración de la ONU de hace más de 20 años, recogida en distintos formatos (incluido un póster descargable para quien quiera difundirlo en su entorno de forma visualmente atractiva).

Sobre el papel de las ONGs en el contexto actual y la relación con las nuevas tecnologías y la evolución de los modelos sociales escribía dos entradas. En la segunda de ellas, a partir de una entrada del blog de Francisco Polo, cabeza visible de la plataforma de activismo online Actuable, se recogen una serie de claves para hacer de este un espacio de innovación, creatividad y dinamismo (y, en última instancia, eficacia), con ejemplos concretos de organizaciones que ya las están aplicando.

La última recomendación que os voy a hacer es la entrada que, partiendo de la literatura, me acercaba a la situación de la epidemia del siglo XX, el SIDA, y la XVIII Conferencia Internacional sobre el SIDA, que acababa de celebrarse entonces. Podéis leerla allí, y para quien quiera una recomendación de lectura para este verano, de entre las varias que aparecen en la entrada, destaco, evidentemente Más grandes que el amor. Aunque a veces pueda sonar cursi en esta sociedad de las prisas, creo que simplemente el título es de por sí bastante elocuente, así que, si no lo has hecho, anímate a conocer el contenido, 😉

Y os voy a dejar de postre con:

  • una cita-testimonio recogida en uno de los resúmenes semanales, de Jil van Eyle, holandés que lo tenía todo… hasta que descubrió que todo servía de poco para afrontar la enfermedad de su hija de 11 años que la ha dejado sorda, casi ciega, no camina, está en una silla de ruedas y a nivel mental es como un bebé recién nacido. Eso provocó un cambio en su escala de valores que plasmó en el libro Cómo dejé de ser idiota, y posteriormente en su proyecto altruista Teaming.

Por la enfermedad de Mónica entré en contacto con pequeñas fundaciones que tratan a niños como ella y vi dos cosas: gente trabajando con corazón, con pasión, valores que nunca había visto en la multinacionales en las que había trabajado y, por otro lado, veía muy buenas ideas y muy buenos proyectos, pero faltaban recursos económicos. Muchos padres intentamos recaudar fondos de la manera clásica: contactar con empresas, una a una, hablar y pedir 5.000 o 10.000 euros. Me di cuenta que eso era muy difícil y más en tiempos de crisis.

Mónica me ha enseñado a disfrutar los pequeños momentos. Estamos en un mundo en el que es inevitable estar pensando en la hipoteca, en lo que hemos hecho mal…y, de repente, Mónica, con sus limitaciones, disfruta intensamente de comer un donut, del viento, de la lluvia. Suena filosófico, pero verdaderamente ella me recuerda cada día que hay que disfrutar.

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