De olvidos e indiferencias

Nacer y crecer en una tierra marcada por décadas de sufrimiento ofrece muchas posibilidades de dejar una huella profunda. Ese es en gran medida el origen de la Fundación Baketik para la promoción de procesos de cambio personal y social con sentido ético, dirigida por Jonan Fernández, una de esas personas que también han marcado mi conciencia política. Una idea leída en el Acento 2013 para una nueva cultura de convivencia y reconciliación llama mi atención y da vueltas en mi cabeza estos días:

El acento 2013 quiere dar respuesta a una preocupación. La promoción de una nueva cultura de convivencia que consolide la paz, humanice nuestro presente, repare los desgarros del pasado y prevenga su repetición en el futuro se enfrenta a un riesgo: el olvido. Hay una inercia natural y una tendencia sobrevenida que lo promueven.

La inercia hacia el olvido es una tendencia que se ha visto en otros procesos similares y que proviene de la lógica relajación social y política que trae el fin de la violencia. El factor sobrevenido es la actual crisis económica que ocupa toda la capacidad de preocupación de la sociedad, la política y los medios de comunicación.

Vivimos enfrentad@s al riesgo de olvidar, de que la indiferencia vaya adueñándose de nuestras vidas. En lo más cercano geográficamente y también en lo que afecta a nuestra capacidad de ayudar a otr@s más alejad@s. Llevado al extremo, es lo que cantaba el irlandés Robert Frederick Zenon Bob Geldof, quien recientemente ha visitado nuestra tierra, en su Gran Canción de la Indiferencia:

No me importa si te vas
No me importa si te tomas las cosas con calma
No me importa si dice sí o no
No me importa en absoluto

No me importa si vives o mueres
No podría importarme menos si ríes o lloras
No me importa si te estrellas o vuelas
No me importa en absoluto

(…)

No me importa si la cultura se desmorona
No me importa si la religión tropieza
No puedo oír los altavoces murmurar
Y no me importa en absoluto

No me importa si se fríe el Tercer Mundo
Hace más calor allí, no me sorprende
Nena, puedo ver naciones enteras morir
Y no me importa en absoluto

Pero estoy convencido de que, parafraseando al psicoterapeuta José Antonio García Monge, vivir en un mundo de injusticia sin ver esa injusticia y sin pretender cambiarla equivale a no vivir.

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